martes, 5 de diciembre de 2006

YO SOY UN HOMBRE

Era una noche a priori como tantas otras, el cansancio acumulado de todo el día, el sofá, la tele, unos minutos previos al sueño reparador para afrontar un nuevo día, en definitiva nada raro que hiciera presagiar lo que iba a vivir. Pero de repente entre los múltiples anuncios a los que somos sometidos continuamente apareció uno que no se bien como definir. Me refiero al último spot de Burger King que si no habéis visto lo podéis hacer en http://www.youtube.com/watch?v=QpIL-Gz2zVk.

Gracias tuve que dar a mi madre que yo ya había cenado porque lo que presencie en ese minuto y algo que debe durar el anuncio fue alucinante, me hizo cambiar mi posición de moribundo levitando en el sofá para pasar a una posición totalmente incorporada, de tensión y atención al mensaje del mismo: Yo soy un hombre.

Todo empieza en un restaurante, donde un chico y una chica se disponen a comer. El restaurante no tiene nada especial, uno de tantos modernos que siguen esta extraña moda de utilizar una vajilla peculiar, por ejemplo platos o imitaciones de platos en forma de escupideras, palanganas, platos con gigantismo que no caben en la mesa, otros con formas de lo más extravagantes…Hasta aquí todo normal, seguro que habéis ido a más de uno, incluso hay que reservar y te hacen esperar, no creo que sea para enseñarnos la vajilla, ya que si fuera para eso podríamos ir a algún museo, sino para mostrarnos su comida, a veces difícil de ver. Me explico para que quede claro, cuando ves al camarero aproximarse a tu mesa con un plato de 2 x 2, lo primero que piensas allí sentadito, indefenso, es que tu solo no vas a poder con tal exageración de comida, pero cuando dicho manjar comienza a descender desde los cielos hacia el infierno y podemos verlo el pensamiento cambia y se pasa a pensar que dónde diantre se le debe haber caído la comida, seguro que por el camino ¡ah no, espera! si está en el centro, un momento que saco la lupa. Es impresionante la combinación de un plato, que ya me gustaría a mi ver como entra en los pisos de 40 m2 de la ministra, con un par de centímetros de comida que se esconden en él, que según la carta del local deben encerrar en tan poco espacio carne, pescado, setas, huevo, salsa, guisantes y un largo listado de ingredientes ¡madre mía! como han metido todo eso en tan poco espacio, debe ser cosa de la NASA.

Pues bien, volviendo al anuncio el chico al verse involucrado en una situación muy similar a la de antes, pone pies en polvorosa y se levanta rugiendo, muriéndose de hambre para comer pasto de animal. Reacción que puede ser comprensible, ¿qué engaño?, ¿qué es esto?, ¿40 euros por algo con lo que no comería ni un pitufo? ¡Vamos a otro sitio! Así que el chico se marcha, abre la puerta y cruza la calle para ir a... ¡un Burger King!, aquí se me cae el alma al suelo, casi me caigo del sofá, ese tío quiere un Doble Wooper. Lógico, pensemos lo que ha dicho: no quiero pasto de animal, claro no lo quiere, prefiere comerse al animal entero ¡que bárbaro! ¡qué paladar!

Poco a poco asumo que se quiere meter entre pecho y espalda una sanísima hamburguesa, porque es un hombre, gran razonamiento, las mujeres no van a las hamburgueserías y los hombres a su vez no van a otro sitio que no sea una hamburguesería, lo siento bares y restaurantes de lo más variado de nuestra geografía, pero es así, asúmanlo. Miro de nuevo a la tele frotándome los ojos y veo un gran jolgorio general, me pregunto ¿será la feria del pueblo? no porque no hay mujeres, ¿quizás han ganado una Copa de Europa? imposible tampoco hay féminas y a muchas de ellas les gusta el fútbol, ya lo tengo, que torpe soy ¡es una despedida de soltero! Claro, todos son hombres, altos, bajos, gordos, flacos, ¡cómo no me había dado cuenta! el novio con todos sus amigos, que bien lo van a pasar. ¡Vaya fallo! No se trata de una despedida, demasiada gente, lo que pasa en la ciudad es una especie de reunión o convención de hombres, lo mejorcito de cada casa, sólo hombres, todos hambrientos, todos deseosos de una hamburguesa gigante que les haga ser eso, hombres. Recordar de donde venimos todos, aquí nadie come verdura, legumbres, pasta o fruta, ¿pescado? eso que es, si eres hombre tienes que comer carne y si es en forma de albóndiga chafada con la palma de la mano y entre dos rebanadas de pan de molde mejor que mejor ¿o no eres un machote?

Nunca un minuto de anuncio había sido tan intenso, que más puede pasar, pues bien una serie de acontecimientos que no acabo de entender aún habiendo pasado varios días. Un hombre asiático parte un trozo de hormigón con la mano, impresionante es un Popeye chino, se ha comido el Wooper y mejor que las espinacas; tres señores nos enseñan sus bíceps ¡están cuadrados! yo visitando el gimnasio asiduamente y resulta que donde tengo que ir para fibrar es al Burger King de la esquina, otros portan pancartas o las cuelgan desde sus casas con el lema soy un hombre ¡guau que orgullo! Y atención llega uno de los momentos cumbres, un chico con una hamburguesa en la mano se arranca con la otra, sin bajarse los pantalones ¡los calzoncillos para quemarlos en un bidón! ¿Esto a que viene? ¿ no se puede comer con ropa interior? ¿ha engordado tanto que le aprieta? y no queda ahí la cosa, detrás de él aparecen unas animadoras, increíble las mujeres existen para Burger King, aunque simplemente sea para llevar minifalda y menear unos pompones, que al lado de lo que hacen los hombres del anuncio, pues que queréis que os diga, me hago animadora.

Se avecina el final del esperpéntico anuncio y este no podía ser de otra manera, un final apoteósico. Aparece en pantalla un tío, yo creo que es el de la película El Milagro de P. Tinto. ¿Qué hace este pobre hombre arrastrando un camión? pues nada imitar a un burro de carga, ¿cómo? pues eso es un burrito cuyo único fin es el de alcanzar una Doble Wooper que le pasea por su cara una chica pero que cuando se acerca para comérsela se la aleja, pobre hombre no alcanza su zanahoria, la chica se ríe (segunda aparición de la mujer) ¡madre mía! para que sale esta chica, mala pécora está haciendo sufrir al pobre calvito y encima con recochineo. Ya no puede pasar nada más, esto es insuperable, así que acaba todo sin saber si P tinto se la come o no, a la hamburguesa o/y a la chica, pero sabiendo que soy un hombre, no voy a cambiar, come como un hombre.

Después de tanta información me voy a la cama, no puedo conciliar el sueño, vueltas y vueltas pero mi cabeza es un lío, estoy lleno de dudas existenciales, que angustia ¡aix! ¿Tengo que comer hamburguesas para ser hombre? ¿Las mujeres no existen? ¿El calvo no saldrá luego en el anuncio de la lotería? ¿La chica del restaurante tendrá novio?


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Respondiendo a tus dudas existenciales: no hay q comer hamburguesas para ser un hombre, pero si, si pretendes parecerte al del milagro de P. Tinto. Por otra parte, las mujeres si existen, por suerte, a ellas no va dirigida esa publicidad subliminal, y por último, el calvo ya no saldrá en el anuncio de la lotería debido a que ya no se requiere dicho personaje con esas características, gracias a dios! Ah! y por lo que concierne a la chica del restaurante...no merece respuesta alguna.

C.C.Buxter dijo...

Lo mejor del anuncio es el título: "Come como un hombre". Invariablemente, uno no puede dejar de pensar en "come como un cerdo". Al ver la hamburguesa, vemos que la asociación de ideas es perfecta.